¿Los 40 son los nuevos 20? ¡Por favor, nooooo!

Los 40 son los nuevos 20

Foto: Olenka Sergienko para Pexels

Hace unos días, Shakira compartió una imagen de sus vacaciones. Se ve feliz, plena, relajada y, a juzgar por el pie de foto, su intención —además de darnos un vistazo a su vida privada—, fue mostrar el diseño de su traje de baño. Seguramente jamás espero que alguien pensara que los 40 son los nuevos 20.

Lo primero que cruzó por mi cabeza al verla fue: “¡Parece de 20!”. Y no sólo lo pensé por esta foto, también comenté algo al respecto tras su espectáculo de medio tiempo en el SuperBowl. Le dije a mis amigas, a mi mamá y a mi hermana frases como: “¡La edad que tiene y el cuerpazo!“. “¡Qué abdomen, para ya haber parido dos hijos y estar en sus 40”!, “Para tener 43, se ve muy bien”.

En ese momento, haber soltado esas frases no significó nada, pero después de leer la forma en la que algunos medios presentaron la nota del bikini, me di cuenta de que mis palabras no eran inocentes, mucho menos halagadoras.

Con ideas como esas fomentamos el concepto (erróneo) de que las mujeres no podemos envejecer. Las tenemos tan aprendidas que hasta creemos que sirven para hacer un cumplido. Lo peor, no sólo lo hacemos con figuras públicas, también con las mujeres que nos rodean: les chuleamos el hecho de que “a su edad” se “vean bien”.

El miedo a envejecer sigue siendo redituable para las estrategias de marketing, y las compañías de cosmética y belleza lo saben. Diariamente la publicidad nos bombardea con productos que fomentan el antienvejecimiento (¿pooor?). Simplemente el año pasado esta industria generó casi 200 mil millones de dólares, así lo reportó la consultora Prescient & Strategic Intelligence.

Aparentar menos edad parece formar parte de las exigencias sociales de la actualidad.

No solo tenemos que tolerar titulares como “Los 40 son los nuevos 20: Shakira posa en bikini y está mejor que nunca” o “Shakira: cuando a los 40 te ves mejor que a los 20”, si no también cosas como: “Nueve trucos para parecer más joven”, “Trucos de belleza para aparentar menos edad ” o “¿Cuál es el secreto para estar mejor con 40 que con 20?”.

¡Noooo! No, por favor. ¡Que los cuarenta no sean los nuevos veinte!

Cuando llegue a esa edad ya no quiero tener los miedos, juicios e ideas erróneas que tengo ahora sobre mi cuerpo. Justo ahora, en mis 20.

No quiero que los 40 sean los nuevos 20 porque, con todo y sus subidas y bajadas, estoy en un proceso en el que me dedico a aprender a honrar mi vida con las herramientas que tengo en este momento.

Los 20 son una década en la que viviré experiencias únicas y quiero llegar a los cuarenta sabiendo que me gocé, disfruté y amé mi cuerpo como mejor pude, y que estoy lista para lo que una nueva década me ofrecerá.

Aceptarnos y querernos es un proceso en el que cada una hace lo mejor, con lo que tiene. Eliminar ideas aprendidas es parte del proceso. Sí, nos cuesta, porque tenemos demasiado arraigada la cultura del antienvejecimiento. Pongamos un ejemplo básico: basta con escribir la palabra antiaging en el buscador de Instagram para caer en cuenta de que este hashtag ha sido usado casi nueve millones de veces.

Poco a poco algunos medios han decidido eliminar de sus líneas editoriales ideas erróneas sobre la edad. Por ejemplo, en 2017 la revista Allure eligió para su portada a la actriz Hellen Mirren, junto a ella se podía leer la frase: “El fin del antienvejecimiento: nuestro llamado a la industria”; en ese número, los editores se pronunciaron en favor de la edad madura y de dejar de usar la palabra “antiaging”.

¿Y si la industria de la belleza se sumara a este movimiento y dejara de ver el paso del tiempo desde la cosmética para enfocarse en el cuidado de la piel, de nuestro cuerpo, de nuestra mente?

Nos ayudaría a aceptarnos y a no presionarnos.

El “Tú lo vales” queda corto cuando antes se nos dijo: “Para una piel visiblemente más joven”. Envejecer es parte natural de nuestra evolución. Las mujeres tenemos derecho de hacerlo dignamente.

Shakira llegó a los 40, no es ninguna novedad. Tampoco lo es que haya llegado a esa edad con un físico que refleja su disciplina.

Dejar de enfocarnos en la apariencia es algo en lo que deberíamos trabajar día a día, para también aumentar nuestro amor propio. Las revistas, los medios y quienes tienen un gran alcance en las redes sociales todavía no entienden el impacto social que tendría cambiar la conversación.

Alejandra Verdugo

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