Sexo en tiempos de coronavirus

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Foto: cottonbro para Pexels

¿Y qué vamos a hacer en todas estas semanas?“, le pregunté al Torc la última vez que regresé de la oficina. “Pues coger todos los días“, me dijo mientras cocinaba. Yo me reí y él también. Estábamos seguros de que ese plan de tener sexo no iba a progresar.

Cuando empezamos a vivir juntos, hace tres años, yo trabajaba desde casa, así que antes de que este cochino COVID-19 llegara y nos obligara a guardarnos, yo ya era experta en escribir en la cama y usar la pijama como uniforme.

El Torc también trabaja varias horas en casa, así que sabíamos muy bien lo que era convivir “mucho” bajo el mismo techo, pero nadie nos preparó para esta convivencia extrema. Digo extrema porque, aceptémoslo, por mucho que quieras a tu pareja no es común estar juntos las 24 horas del día, los siete días de la semana. Normalmente cada uno tiene su trabajo y al menos durante 10 horas al día no le ves la cara. Los fines de semana convives un poco más, pero si uno es más pata de perro que otro, como es mi caso, al menos dejas de verlo unas 5 o 6 horas en esos dos días.

Creo que son esos espacios los que te permiten pensar en él o ella, o alivianarte de la última pelea, tal vez extrañarlo (a) y llegar a casa con ganas de coger. Hoy y desde hace dos meses no existen esos momentos para quienes vivimos con nuestra pareja y afrontémoslo: está muy cabrón.

En mi caso, las primeras semanas de cuarentena fueron un infierno. Nos costó mucho trabajo aprender a convivir tanto tiempo y los trastes y el polvo acumulándose todos los días no ayudaron para nada. Torc no es la persona más ordenada y yo tampoco me quedo atrás, así que la casa con nosotros dos aquí metidos 24/7 era un caos. 

Durante 15 días las peleas fueron constantes, la cargas de trabajo aumentaron y ¿quién cogió? (Inserte aquí la mítica bola que atraviesa las carreteras del lejano oeste).

Fue en la semana de encierro número cuatro cuando sorprendentemente nos dimos cuenta de que ya le estábamos agarrando la onda a este desmadre, a nuestro desmadre. Nos organizamos para trabajar en distintos lugares de la casa, en horarios distintos y repartimos los turnos de limpieza, cocinada y televisión. Luego hablamos y hablamos y hablamos.

Ya adaptados a la “nueva normalidad” las cosas comenzaron a fluir mejor y volvimos a nuestra programación habitual. No voy a decir “ahora estamos mejor que antes, cogemos todos los días y nos encanta experimentar” porque sería una mentira, pero sí puedo decirles que hemos aprendido a comunicarnos mejor y que eso ayuda mucho cuando se trata de sexo.

Tampoco voy a decir que ya no peleamos porque no hay nada más alejado de la realidad, pero sí puedo decir que el encierro nos ha ayudado a resolver las cosas de otra manera. Y eso pone mucho.

Sé que faltan muchas semanas de encierro y que probablemente vengan más peleas y etapas de sequía (LOL), pero también sé que lo vamos a seguir intentando. Dentro de casa y, eventualmente, fuera de ella.

Abril Mulato

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