La omnipresencia de la masturbación

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Hace seis años fui al cine a ver Nymphomaniac. Me movió el morbo de ver una película que explorara el tema sexual con una mujer como protagonista: Joe, quien desde muy pequeña se sintió atraída por la sexualidad y el placer sin reparo alguno.

Fue justo una de sus primeras escenas las que me hicieron apreciar el arte de esa película. Quienes la hayan visto, probablemente la recuerden: siendo todavía una niña, Joe juega con su amiga a resbalarse sobre el piso empapado; en ese momento se da cuenta de que el motivo que la lleva a deslizarse sobre la humedad es el placer que le provoca en los genitales.

Joe acaba de descubrir que puede estimular sus órganos sexuales mediante una masturbación inocua y juguetona.

Bajo mi propia experiencia (y también las ajenas), he identificado que, tal como lo indica la psicología, es alrededor de los cuatro o cinco años que empezamos a explorar nuestro cuerpo, a reconocer nuestros genitales y el placer que viene con ellos.

Hace tiempo, una amiga me contó una historia que definió como “un poco perversa” sobre cómo, saliendo del ballet, acostumbraba irse con una amiguita a la parte trasera de una camioneta para tocarse. Esto a la breve edad de cinco años. “Yo no sabía, pero sentía rico y me dejaba llevar” me dijo. A mí me pareció bastante tierno y común.

Cuando entramos a la adolescencia, empezamos a practicar la masturbación de manera consciente.

Yo puedo recordar con claridad la primera vez que me masturbé. Tenía casi 12 años, mis papás me habían comprado un disco de M.D.O (la confesión de tener este disco me da más pena que la de masturbarme, la verdad) y uno de sus integrantes me parecía el niño más hermoso que jamás había visto en mi vida. Estaba en un sillón, viendo fijamente la portada del disco; me empecé a imaginar cómo sería besar a ese niño mientras me tocaba.

Si bien no tuve un clímax como tal, sí recuerdo haber tenido un placer bonito. Efímero, pero bonito.

Honestamente, no recuerdo cómo seguí practicando la masturbación. Lo que sí puedo afirmar es que, en algún punto de mi vida, ocupó un papel fijo e importante en mi sexualidad.

En la universidad no podía dormir sin masturbarme. Se convirtió en un ritual. En ese tiempo, vivía con mis papás y no existían los teléfonos inteligentes que te dan la maravillosa practicidad de ver porno desde tu cama con un volumen bajo que te permite pasar inadvertido, así que recurría a los recuerdos orgánicos de experiencias que tenía en aquel entonces con mi novio. Que Diosito te bendiga mucho, Paco.

Conforme fui teniendo más experiencias y más parejas sexuales, logré compilar mi propia colección pornográfica mental, mediante una debida curación de recuerdos. Creo que esto es lo más común que hacemos las mujeres para masturbarnos. Después de hablar con varias amigas y de escuchar sus experiencias, noté que nos apegamos más a los recuerdos que al porno, al cual, en lo personal, no dejo de lado (aunque me sienta como una mala feminista cuando veo algún video en Pornhub)

Lamentablemente fui perdiendo este ceremonial de masturbarme antes de dormir por falta de tiempo… O simplemente dejé de darle la importancia debida, no sé.

El aislamiento social es un buen pretexto para entregarnos a la masturbación. Las mujeres no solo tenemos un sinfín de opciones, sino que últimamente ha habido un muy necesario y apreciado boom de comercialización de juguetes sexuales: que si tu dildo, que si tu balita, que si tu Satisfyer, que si tu Clit kit, ¡montones de opciones, tamaños y sensaciones para escoger!

Estoy muy agradecida con que todo esto esté sucediendo. La masturbación femenina no debe ser ya un tema tabú: ni nos van a salir pelos en las manos ni vamos a ser mal vistas por aceptar que ejercemos nuestra sexualidad con nosotras mismas, y que lo hacemos de una manera sana y constante.

Tampoco significa que prescindiremos de tener relaciones sexuales como acostumbramos.

Más bien equivale a descubrir por nosotras mismas lo que nos gusta.

Aprovechemos la oportunidad, masturbadoras de todos los países, ¡y uníos!

Pamela González

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