Covid-19: transformar la dinámica del trabajo de cuidados

trabajo de cuidados

Hasta el 9 de abril, el coronavirus en México ha provocado la muerte de 194 personas y contagiado a tres mil 441 mexicanos. Pero esta epidemia no sólo perjudica a las personas en el terreno de la salud, también afecta las relaciones humanas y, por consecuencia, el bienestar social, sobre todo el de las poblaciones vulnerables, como las mujeres, que ven impactada su dinámica diaria con una multiplicación del trabajo de cuidados.

El 27 de febrero pasado se confirmó el primer caso de COVID-19 en México, y casi un mes después (el 23 de marzo) se presentó la Jornada Nacional de Sana Distancia, que establecía medidas para reducir el contacto entre las personas y disminuir el riesgo de propagación del virus.

Una de esas disposiciones exhortaba a lxs mexicanxs a quedarnos en nuestros hogares.

Esto, como lo indicaron en su momento las autoridades, implicaba modificar la vida pública, lo cual no sólo afectaría en lo económico sino en la protección de las comunidades más desfavorecidas.

Con el paso de los días se ha visto cómo las medidas de mitigación ocasionaron que algunos grupos poblacionales vieran reducidos sus ingresos, pero el estado de aislamiento de #QuédateEnCasa también generó complicaciones de convivencia al interior de las familias. La suma de ambas cosas generaría situaciones de estrés y ansiedad que podrían desencadenar en violencia.

Las mexicanas son víctimas de múltiples tipos de agresiones. Las desigualdades de género, que impactan en lo político, económico, social, sexual, etcétera, sumadas al coronavirus “pueden exacerbar” los atropellos contra ellas.

La domesticación de la figura femenina

Históricamente, las mujeres han sido relegadas al hogar. Estadísticamente, casi 30% de los hogares son dirigidos por ellas.

La idea de “las mujeres en la cocina” es parte de un imaginario social que se ha reproducido durante siglos, por lo que se les ha impuesto a ellas el tema de los cuidados. El mismo presidente lo dijo en un lapsus: “son las mujeres las que cuidan de los padres, pues lo hombres pueden ser más desprendidos”. Aunque más adelante hiciera un llamado a que el cuidado de los ancianos, el grupo más vulnerable ante la pandemia, corresponde a hombres y mujeres.

El covid-19 es un llamado a reestructurar las dinámicas familiares. Los cuidados; es decir, todo eso “que nos hace que podamos tener una vida saludable, digna y que nos permite salir a trabajar” (limpiar, lavar, cocinar, planchar, alimentar, cuidar a niños y adultos mayores; y en periodo de confinamiento se sumarían los trabajos escolares de los hijos y los cuidados adicionales a los adultos con enfermedades crónicas) son actividades que deben ser distribuidas para ser realizadas por todos los miembros de la familia.

La presidenta del Instituto Nacional de las Mujeres, la doctora Nadine Gasman Silverman, lo dijo en la conferencia del pasado 26 de marzo: “Este es un momento de reflexión social, para repensar la forma en que cuidamos”.

Los números revelan que este trabajo no es equitativo, las mujeres dedican el triple de su tiempo a los cuidados domésticos: 39 horas de ellas vs 14, que invierten los hombres.

Los trabajos de cuidados que se realizan al interior de los hogares conllevan tiempo y energía, pero no remuneración. Estereotípicamente este trabajo es realizado por mujeres y niñas, de manera informal, y la excesiva carga obstaculiza su acceso al mercado laboral, a la educación, al descanso y al esparcimiento.

El trabajo de cuidados no remunerado (que ha sido impuesto a las mujeres) y el remunerado (impuesto a los hombres) son básicos para el desarrollo social de los países; sin embargo, al dedicar más tiempo al trabajo de cuidados no remunerado, las mujeres son colocadas en una posición de desventaja con respecto a los hombres, que “pueden ser más desprendidos” (sarcasmo).

La baja participación de las mujeres en el mercado laboral implicaría una subutilización de la fuerza de trabajo femenina para el desarrollo económico y social de los países”, de acuerdo con Oxfam México.

Lograr que hombres, mujeres, niños y niñas se involucren en el trabajo en casa no sólo desencadenaría una mejor armonía familiar sino que pondría las bases para gestar individuos más solidarios; además, según las estadísticas, los hombres que se dedican al cuidado son menos violentos.

La redistribución de la carga de trabajo de cuidados es también labor del Estado, más aún en un país con ciudadanos acostumbrados a tener un gobierno paternalista que les indique qué hacer. La implementación de políticas públicas y marcos normativos facilitaría la difusión de esta información.

En México, generaciones anteriores fueron protagonistas de la división sexual del trabajo; esto es, las mujeres haciéndose cargo del trabajo reproductivo no remunerado y los hombres del empleo que sí recibía dinero a cambio.

Por ello, el confinamiento de las familias es una oportunidad para que los hombres reflexionen sobre su papel dentro de las familias, sobre sus relaciones con su pareja, hijos e hijas y respecto a la distribución justa del trabajo de cuidados, explicó Gasman Silverman.

A las precauciones sanitarias para hacer frente a la epidemia del coronavirus se sumaría el desafío de readministrar los cuidados en el hogar, para así ayudar a mantener una convivencia familiar sostenible y pasar los días de confinamiento libres de abusos sobre las mujeres.

Sandra Lucario

Mexicana, 37 años. Estudié periodismo en la UNAM, en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. He trabajado en Quién.com, Chilango.com, Garuyo.com, HuffPostMéxico.com. Actualmente trabajo en Univision.com y estudio una maestría de fotografía y estudios visuales.

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