Yo menstrúo: así me reconcilié con mi menstruación

menstruación

Cuando estoy menstruando, las personas a mi alrededor lo saben: no hago malabares para esconder la toalla femenina, la llevo en la mano. Estoy teniendo la menstruación.

Yo menstrúo y es algo que mi cuerpo hace durante cinco días, una vez al mes.

Mi regla siempre ha sido extra abundante y dolorosa; por eso casi siempre termino manchada, con todo y que uso toallas femeninas nocturnas y con alas.

Por eso, cuando estoy en mis días, trato de usar un pantalón oscuro. Si me mancho, me amarro un suéter en la cintura para evitar que se den cuenta.

A mis 38 años, aprendí que tratar de ocultar todo lo que me sucedía en esos días me causaba más estrés y angustia que el mismo dolor de la menstruación. Así que decidí dejar de pelearme con mi cuerpo y mejor entenderlo.

Se escucha sencillo, pero no lo fue. Para convivir sanamente con mi menstruación, debí deshacerme de un montón de ideas retrógradas.

El secreto de todas

Remontémonos a la primera vez que me bajó. Tenía unos 12 años. Fue de los momentos más vergonzosos de mi vida. Estaba en el salón de clases, había un escándalo. Al profesor no le gustó y nos sancionó obligándonos a hacer sentadillas en nuestro lugar.

Enfrente de todo el mundo me levanté y llevé a cabo el castigo. Una compañera me dijo qué estaba pasando, mientras me ponía un suéter en la cintura. Yo no tenía idea, pero estaba teniendo la menstruación. Atrás, todos morían de risa. Me senté. No sabía qué hacer. El profesor me mandó al baño.

Una amiga me llevó una toalla. Me quité la falda para lavarla. Yo solo quería ir a casa y esconderme debajo de las cobijas. Me quedé llorando en el baño hasta que la falda se secó. Ahí empezó mi odio por la menstruación.

Tuve que averiguar todo sobre la regla como si se tratara de algo clandestino. Si preguntaba, mis compañeras o maestras me apartaban y me hablaban a susurros. Todo era secreto y vergonzoso.

Comprar toallas femeninas también era un tabú. La primera vez que fui por ellas al súper con mis amigas, me explicaron que lo mejor era buscar una cajera y una empacadora. 

En la tienda de la esquina debías esperar que no hubiera hombres, la dependienta te la entregaba en una bolsa negra. Nadie se daba cuenta de que estabas menstruando.

 

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Cuando tienes tantos cólicos que lo único que te queda es sentarte por horas en el escusado hasta que se te duermen las nalgas y se te pasa el dolor. Así yo hoy.

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El bullying

“¡Hueles mal!”. “¡La sangre menstrual da asco!”. “¡Se te ve el pañal!”. “¡Seguro estás en tus días!”.

¿Quién no ha escuchado estas expresiones cuando empieza a menstruar?

Regresemos a mi primera menstruación. Cuando regresé al salón de clase, apenas me senté y empecé a escuchar a mis compañeros murmurar que apestaba. Me volví a sentir avergonzada.

Imaginen mi alegría cuando descubrí las toallas femeninas con olor a manzanilla.

Pero una tarde se acabaron y tuve que volver a lidiar con el olor de mi menstruación.

Una tarde, mientras me aseaba, descubrí que el asco no era mío: me había apropiado del de los otros.

En ese momento entendí que la construcción social en torno a la menstruación me había humillado, lastimado y reprimido durante años. 

El dolor es normal

Mi menstruación siempre ha sido dolorosa. Antes era más. A los 15 años era insoportable. Se lo comenté (siempre en susurro) a mis amigas, a mis maestras, a mi mamá, todo el mundo me decía que era normal.

Los médicos me daban una pastilla y me mandaban a casa. Decían que el dolor, la inflamación y lo abundante de mi menstruación eran normales.

Estuve otro año aguantando hasta que el dolor me imposibilitó para hacer mis actividades. Vomitaba del dolor. Entonces le rogué a mi mamá que me llevara al hospital. Cuando accedieron a hacerme un ultrasonido, descubrieron que tenía enormes quistes en un ovario.

Mi vida estuvo en riesgo. La creencia de que el dolor y el silencio son parte de la menstruación me llevó a este punto. ¿Por qué? ¿Por qué cuando duele la cabeza, un pie o el estómago se dice, se atiende y se toma en serio? ¿Por qué con la menstruación no?

Ni loca tengo sexo en mis días

Cuando menstruaba trataba de no pasar la noche con mi pareja. No quería que me oliera y, mucho menos, que viera mis sábanas manchadas o “ensuciarlo” si teníamos sexo. Me sentía incómoda.

Las pocas veces que lo intenté, no lo disfruté.

Una vez mi novio me dijo que le encantaba mi olor, el de mi vulva y mis secreciones. El de mi cuerpo. Negó que le molestara mi sangre menstrual, y respetó que yo prefiriera no tener relaciones.

Sigo sin querer tener sexo en esos días porque mi menstruación es dolorosa, pero hablar del tema me ayudó a sentirme cómoda. Ya duermo con él, aunque esté en mis días.

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¿Conoces a @rupikaur_ ? Ella junto a su hermana Prabh Kaur lanzaron el proyecto fotográfico y poético "Period" en el que muestran la menstruación desde el cariño y el poder que se merece. • La fotografía y la escritura son vías muy poderosas para expresarnos y también se usan de manera terapéutica. • En las sesiones del acompañamiento personalizado de La Caravana Roja también las utilizamos para acercarnos a nuestro ciclo menstrual y conocernos para respetarnos y cuidarnos de manera cíclica y así entender nuestros malestares para ir dándoles solución. • Si te gustaría recibir más información sobre las sesiones escribe a contacto@lacaravanaroja.com ☺️ #artemenstrual #arteterapia #fotografiaterapeutica #sesiones #autoconciencia #autoconocimientosexualfemenino #desarrollopersonal #tomadeconciencia #psicoterapiafeminista #acompañamiento #manchoynomedoyasco

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Hace unos años descubrí el proyecto llamado ‘Period’, de la poeta canadiense de origen indio, Rupi Kaur. En la imagen hay una mujer acostada en su cama, con el pantalón manchado de sangre, al igual que su sábana.

“¡Oh, por Dios!”, me dije al verla. Me cubrí los ojos y sentí un hueco enorme en el estómago, pues recordé a mi abuela despertándome a gritos al verme en la misma posición que la chica, con el pantalón y la sábana manchados.

“Párate, cochina. Cambia todo y límpiate”, gritó, mientras me jaloneaba para sacarme de la cama. 

Siglo XXI

No hay mes que no me manche. Mis calzones siguen ensangrentándose, igual que las sábanas de mi cama, mis pantalones, mis piernas. Aún no me he atrevido a usar la famosa copa menstrual, supongo que es el siguiente paso de la reconciliación total, tanto con mi cuerpo como con la naturaleza.

Al menos he logrado perderle el miedo al rojo y al olor de mi vulva sangrando. He aprendido a aceptar el dolor cuando lo siento y expresarlo. Ya no me da vergüenza llevar la toalla femenina en la mano. Amo decir que estoy menstruando. Al final del día, eso significa que todo está muy bien con mi cuerpo.

Tania Itzel Vargas Romero

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