9 poetas para celebrar el Día Mundial de la Poesía

Día Mundial de la Poesía

Este 21 de marzo se celebra el Día Mundial de la Poesía. En este género literario, como en muchas otras disciplinas (artísticas en lo particular, la vida misma en general), las mujeres han sido invisibilizadas.

Y no lo digo yo. En un artículo periodístico sobre antologías poéticas de mujeres, publicado en La Vanguardia, la poeta, crítica literaria y editora española, Elena Medel, explica que las mujeres poetas “sufren doble marginación”, por ser poetas y por ser mujeres. “Cuando de joven iba a la biblioteca, no encontraba mujeres, y no lo entendía. Ahora sé que hubo muchas, el canon se está ensanchando”.

La poeta, videocreadora y traductora española Miriam Reyes, por su parte, reconoce que cuando empezó a escribir “no tenía apenas referentes de mujeres. Educada en un ambiente patriarcal, tardé mucho en conocerlas, con la excepción de Sor Juana Inés de la Cruz y Rosalía de Castro”.

En la actualidad, las poetas “estamos escribiendo un nuevo relato sobre la identidad femenina donde las piezas todavía no encajan, pero, por primera vez, son nuestras”, señala la poeta y periodista Isabel Navarro.

Elegimos una mínima muestra de poemas escritos por mujeres. Que los disfruten.

‘Igual’, Buba Alarcón

A diferencia de algunas mujeres yo tengo
la poesía
el cine
la buena música
algunas opciones y un particular sentido del humor

pero igual que a todas
nada de eso me va a salvar.

 

‘El pulpo’, Elisabeth Mulder, 1929

Una noche soñé que un pulpo me quería.
¡Oh la indecible angustia de aquella aberración!
Nunca he sufrido tanto; cuando amaneció el día
dijérase que había perdido la razón.

¿Alguien ha visto un pulpo acercársele quedo,
asqueroso y lascivo, monstruoso y feroz?
Por vez primera supe qué es ser presa del miedo,
qué es hundirse en la sima de una demencia atroz.

Él caminaba siempre, y yo huía, yo huía;
sus tentáculos eran como una maldición
caída del infierno sobre la carne mía
que crispaba el espanto de la alucinación.

¡Qué terror! Se me helaban los gritos en la boca.
¡Qué terror! No acertaba ni auxilio a demandar.
Y él avanzaba siempre, y yo, como una loca,
ni siquiera sabía hacia dónde escapar.

Un tentáculo horrible sobre mí iba a caer
como una helada mano blancuzca y amarilla,
cuando al fin dando un grito que sacudió mi ser
desperté sollozando de aquella pesadilla
que me hizo conocer el infierno del pánico,
el dolor de lo innoble, el terror de lo infecto
encarnado en lo inmundo de aquel pulpo satánico,
tenebroso y maldito, misterioso y abyecto.

Si en mis ojos a veces un terror pavoroso
refleja la impotencia de un grito silencioso,
si parece que miro una horrenda visión,
si a veces en mis labios hay un temblor de agonía,
es desde que soñé que un pulpo me quería.

¿Cómo olvidar la angustia de aquella aberración?

(Del libro Sinfonía en rojo)

 

‘Fedra Fascciolo y la fiebre filial’, Esther M. García

He mordido el polvo como un animal moribundo
Arde mi cuerpo en llamas ausales
Cierro mis ojos y abre en mí su único ojo el sol
El ardor en mi cuerpo es una dentellada
de doreados tigres babeando en mi sangre
Febriles filamentos fluyen desde la materia
gris callosa hasta mi útero
Esa fiebre es lo que nos queda
después de que nos besa Dios
Ese destructivo Dios durmiente que de pronto
nos parte en dos con su portentoso rayo
que nos hace enfebrecer hasta la locura
El aumento de temperatura es un golpe de caballos salvajes
El delirio es el remanente del polvo después de la estampida
Quiero tener un hijo
Quiero crear desde mi entraña
Sacar de mi ovillo interior toda la seda
tejer telarañas como sistemas linfáticos
nerviosos ágneos músculos albinos huesos
Quiero esculpir en la oscuridad
las sílabas sangrantes de tu nombre

Más poemas de Esther M. García

 

Viva la postmodernidad!‘, Brenda Solís-Fong

¡Viva la postmodernidad¡
Viva la era tecnológica y de la comunicación!
Entonces, nos recomendaron:
“cuando el sol se ponga, no deben salir.”
Entonces dictaron medidas:
“bájele el ruedo a la falda,
cúbrase el escote,
prohibido el carmín.”
Entonces dijeron que las muertas éramos:
prostitutas
mulas
mareras
infieles
malas
chismosas
birriondas
pispiretas
que algo debíamos
sometidas
que en algo andábamos.
Entonces descubrieron,
que esta sociedad,
paraíso de la impunidad, es.
(Del libro ‘Reinventar esta vida’)

‘Desde el principio’, Shirley Campbell Barr

Primero se nace
y se nace mujer
y se tienen manos
y se tiene menos
se tienen ojos
y se tienen hijos
se tienen besos
y se tienen sueños.
Dije que se nace
y se nace mujer
se tiene sexo de mujer
manos de mujer
palabras de mujer
se nace mujer.
Luego una crece
y sigue siendo mujer
y aprende a vivir
como una mujer
amar como una mujer
cuidar del mundo entero
como toda una mujer
soñar los sueños
con sueños de mujer.
Y mientras una sigue creciendo
se hace cada vez más mujer
y aprende de libertad
de castillos con reyes
de finales felices
se aprende amar como una mujer.
Pero de pronto una descubre
que las manos las tiene vacías.
Y entonces un día
una no quiere ser más una mujer
porque serlo no es siempre tan bueno ni tan dulce.
Porque serlo es a veces amargo y duro
entonces una se subleva
se ve el cuerpo y las manos
se ve el sexo
se descubre toda como una mujer.
Entonces niega y reniega
maldice y discute
entonces se subleva y denuncia
y entonces no no renuncia a ser.
Sólo piensa, decide, habla
y le avisa a todos
que a partir de ahora
será una mujer.

‘Cuando compre un espejo para el baño…’, Idea Vilariño, 1965

Cuando compre un espejo para el baño
voy a verme la cara
voy a verme
pues qué otra manera hay decíme
qué otra manera de saber quién soy.

Cada vez que desprenda la cabeza
del fárrago de libros y de hojas
y que la lleve hueca atiborrada
y la deje en reposo allí un momento
la miraré a los ojos con un poco
de ansiedad de curiosidad de miedo
o sólo con cansancio con hastío
con la vieja amistad correspondiente
o atenta y seriamente mirarme
como esa extraña vez-mis once años-
y me diré mirá ahí estás
seguro
pensaré no me gusta o pensaré
que esa cara fue la única posible
y me diré esa soy yo ésa es idea
y le sonreiré dándome ánimos.

Más poemas de Idea.

 

‘Mujer’, Alaide Foppa

Un ser que aún no
acaba de ser,
no la remota rosa
angelical,
que los poetas cantaron.

No la maldita bruja que
los inquisidores quemaron.

No la temida y deseada
prostituta.

No la madre bendita.

No la marchita y burlada.
Solterona.

No la obligada a ser buena.
No la obligada a ser mala.

No la que vive
porque la dejan vivir.

No la que debe siempre
decir que sí.

Un ser que trata
de saber quién es
y que empieza a existir.

 

‘Hombre pequeñito’, Alfonsina Storni (1919)

“Hombre pequeñito, hombre pequeñito,
suelta a tu canario que quiere volar…
Yo soy el canario, hombre pequeñito,
déjame saltar.

Estuve en tu jaula, hombre pequeñito,
hombre pequeñito que jaula me das.
Digo pequeñito porque no me entiendes,
ni me entenderás.

Tampoco te entiendo, pero mientras tanto
ábreme la jaula que quiero escapar;
hombre pequeñito, te amé media hora,
no me pidas más”.

(Del libro ‘Irremediablemente’)

Sandra Lucario

Mexicana, 37 años. Estudié periodismo en la UNAM, en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. He trabajado en Quién.com, Chilango.com, Garuyo.com, HuffPostMéxico.com. Actualmente trabajo en Univision.com y estudio una maestría de fotografía y estudios visuales.

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